EL APARATO CIRCULATORIO

Qué es y como funciona el aparato cardiocirculatorio

Nuestro cuerpo precisa para su funcionamiento de oxígeno y sustancias que proporcionan energía (azúcar, proteínas). El aparato cardiocirculatorio es el encargado de realizar la distribución de estas sustancias por todo el organismo y está constituido fundamentalmente por el corazón y un conjunto de tubos elásticos a los que llamamos arterias y venas.
El corazón es una bomba que con su acción impulsora, proporciona la fuerza necesaria para que la sangre y las sustancias que transporta ésta, circulen adecuadamente a través de ese conjunto de tubos.
En cada latido, el corazón expulsa una determinada cantidad de sangre hacia la arteria más gruesa (aorta); por sucesivas ramificaciones que salen de ella, esta sangre llega a todo el organismo.
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La sangre cuando ha cedido el oxígeno y los nutrientes (proteínas, azúcar) a las células del organismo se recoge en otros tubos llamados venas que la devuelven nuevamente al corazón.
El corazón tiene cuatro cámaras o cavidades, dos aurículas y dos ventrículos. La sangre que vuelve al corazón por las venas entra por la aurícula derecha (AD). Desde la aurícula, a través de una válvula (tricúspide) la sangre pasa a otra cámara del corazón, ventrículo derecho (VD) y de aquí por la arteria pulmonar llega a los pulmones, donde incorpora el oxígeno que tomamos en la respiración. La sangre, ya oxigenada, vuelve al corazón, concretamente a la aurícula izquierda (AI), por las venas pulmonares. Desde aquí, pasando por la válvula mitral, llega al ventrículo izquierdo (VI), que es el principal motor impulsor de la sangre hacia el resto del cuerpo.
El sistema circulatorio tiene una gran capacidad para adaptarse a las distintas necesidades del organismo. El volumen de sangre que impulsa el corazón en reposo es de unos 5 litros por minuto; esta cifra puede elevarse hasta cuatro veces más durante el esfuerzo, fundamentalmente aumentando el número de latidos por minuto.
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El corazón es un órgano muscular (miocardio); como todos los músculos necesita para su funcionamiento oxígeno y nutrientes, que obtiene, como el resto del cuerpo, de la sangre. Ésta le llega a través de las arterias coronarias que salen de la aorta.
Las arterias coronarias recorren la superficie externa del corazón en todo su contorno, formando una especie de corona (de aquí su nombre) y dan ramas que hacen llegar la sangre a todo el músculo cardíaco.
Las arterias coronarias son dos: derecha e izquierda. La coronaria izquierda se divide en dos grandes ramas: descendente anterior y circunfleja. Tenemos así tres grandes arterias: coronaria derecha, descendente anterior y circunfleja.
Las necesidades de oxígeno del músculo cardíaco no son siempre las mismas, se modifican con el ejercicio, el trabajo y el estrés, entre otras circunstancias. Cuando el organismo precisa más aporte de energía, el corazón responde adecuadamente aumentando su trabajo. Este aumento hace que se eleven también las necesidades de oxígeno del propio músculo cardíaco, necesidades que son resueltas mediante un mayor aporte de sangre a través de las arterias coro
Enfermedad Coronaria
Llamamos “enfermedad coronaria” a la incapacidad de las arterias coronarias para llevar el oxígeno necesario a un determinado territorio del músculo cardíaco, lo que dificulta el funcionamiento de éste. Así pues, el corazón enferma por la mala función del sistema de irrigación (arterias coronarias).
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La causa más frecuente de alteración de las coronarias es la arterioesclerosis (endurecimiento de las arterias), proceso natural al que se añade en algunas personas el depósito de sustancias como colesterol o calcio, en la pared de los vasos. A estos depósitos se les llama placas de ateroma. La formación de placas de ateroma no tiene relación directa con la edad, como hemos dicho de la arterioesclerosis, de tal manera que en algunos aparece muy pronto y en otros no lo hace nunca.
Probablemente hay alguna causa hereditaria que explique este hecho, pero no cabe duda de que existen factores (tabaco, colesterol elevado, hipertensión, diabetes etc…) que favorecen el desarrollo de las placas de ateroma, son los llamados «FACTORES DE RIESGO»de esta enfermedad y de los que luego nos ocuparemos.
Al crecer las placas de ateroma, se reduce el calibre de las arterias en su interior y disminuye la cantidad de sangre que puede pasar a su través. Como consecuencia la cantidad de oxígeno que llega es insuficiente para el trabajo que tiene que hacer el corazón.Cuando una parte del corazón no recibe sangre suficiente decimos que está isquémico y en este momento se manifiesta la enfermedad coronaria, también llamada cardiopatía isquémica.
La enfermedad coronaria o cardiopatía isquémica se manifiesta principalmente como:
- Angina de pecho.
- Infarto de miocardio (se suele llamar de forma abreviada I.A.M.).
En los dos casos hay una reducción en la llegada de oxígeno a una parte de músculo cardíaco. En la angina de pecho la falta de riego es pasajera y no deja daño, mientras que en el infarto, la falta de oxígeno es tan prolongada que se produce la muerte de células musculares (necrosis).
¿CÓMO ES LA ANGINA DE PECHO?
Es una sensación de dolor, opresión o malestar que generalmente se inicia en el centro del pecho, que puede extenderse principalmente a los brazos, el cuello, la espalda y la mandíbula; es de intensidad progresiva y duración limitada.
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Muchas veces este dolor coincide con el ejercicio, el trabajo, la actividad sexual y las emociones, situaciones todas ellas que aumentan las necesidades de oxígeno del miocardio; recordemos que la arteria con placas de ateroma en su interior no puede aportar la cantidad precisa de oxígeno. La angina desaparece cuando cesa la circunstancia que la desencadenó.
En otras ocasiones, el dolor o crisis de angina, aparece en reposo; en este caso lo que ocurre es la rotura súbita de una placa de ateroma o bien un estrechamiento o espasmo de la pared de la arteria, dificultándose así el paso de sangre.
¿CÓMO ES EL INFARTO DE MIOCARDIO?
Es un dolor semejante al de la angina de pecho, aunque de mayor intensidad y duración, y suele ir acompañado de sudoración, náuseas y vómitos. El infarto se produce cuando una arteria se obstruye totalmente, en la mayoría de los casos por un coágulo de sangre que se forma sobre una placa de ateroma que se ha roto. El infarto es habitualmente un evento inesperado, no asociado a ninguna situación determinada que permita predecirlo. La gravedad del infarto depende de la cantidad de músculo que se destruye y está en relación con la arteria obstruida y el lugar en el que se produce la obstrucción.
Por fortuna el corazón tiene una capacidad de reserva importante y después de la mayoría de los infartos de miocardio el músculo cardíaco que permanece sano realiza el trabajo de bomba necesario, de tal forma que el paciente puede llevar una vida perfectamente normal
Enfermedad Coronaria
El término “enfermedad coronaria” hace referencia a la aparición de lesiones, generalmente causadas por arteriosclerosis, en las arterias coronarias (arterias que llevan la sangre al músculo cardiaco).
La arteriosclerosis se produce por el depósito de sustancias, como el colesterol, y la proliferación celular en la pared arterial, en la que se terminan formando las denominadas “placas de ateroma”. El crecimiento de las placas de ateroma da lugar a un estrechamiento del interior de las arterias, lo que conduce a una disminución del riego sanguíneo y, por lo tanto, a una menor llegada de oxígeno, en el órgano o tejido correspondiente.
En ocasiones, las placas de ateroma se fisuran o rompen, formándose sobre ellas un coágulo de sangre que obstruye la arteria bruscamente, dando lugar a una disminución repentina y severa del flujo sanguíneo, que lleva a la muerte de las células en poco tiempo. Cualquier arteria del organismo puede sufrir arteriosclerosis, pero las más frecuentemente afectadas son las del corazón, cerebro y extremidades inferiores. La arteriosclerosis coronaria supone que se produzca isquemia (disminución del riego sanguíneo) en el músculo cardiaco, lo que puede llegar a dar lugar a la muerte de las células.
A la enfermedad coronaria también se le suele denominar “cardiopatía isquémica”, que viene a ser la enfermedad del corazón causada por disminución del riego sanguíneo en el miocardio (músculo cardiaco).
Factores de riesgo.
La causa exacta y el mecanismo preciso de todo el proceso de desarrollo de la arteriosclerosis no es bien conocido. Sin embargo, se sabe que existe una serie de factores que favorecen la aparición y progresión de esta enfermedad. Los factores de riesgo de arteriosclerosis más importantes son el tabaco, la hipertensión, la hipercolesterolemia y la diabetes. Son también importantes, aunque no modificables, los antecedentes familiares, el sexo masculino y la edad del individuo. La arteriosclerosis es más frecuente en las personas con familiares que padecen esta enfermedad que en las que no tienen antecedentes, también es más frecuente en los hombres que en las mujeres y su incidencia es mayor cuanto mayor es la edad del individuo. Se consideran factores de riesgo menores la obesidad, el sedentaris
Síntomas
La enfermedad coronaria se manifiesta, fundamentalmente, de dos formas: la angina de pecho y el infarto de miocardio. En la angina de pecho la disminución del riego sanguíneo al músculo cardiaco suele durar menos de media hora, por lo que no se produce muerte celular. En el infarto de miocardio, sin embargo, la isquemia suele ser más duradera, produciéndose la necrosis (muerte) de las células. En ambos casos el síntoma más habitual es la aparición de un dolor de intensidad variable localizado en la parte anterior del tórax. A veces el dolor se manifiesta en el cuello, brazos, espalda y/o abdomen. No es raro que el paciente refiera algún síntoma acompañante, como falta de aire, mareo, sudoración, palpitaciones, náuseas y/o vómitos. En ocasiones no aparece verdadero dolor sino sensación de opresión, quemazón o malestar inespecífico en la parte anterior del tórax. No es infrecuente que el paciente crea que la molestia es debida a gases, sobre todo si el dolor se localiza en la parte superior del abdomen, por lo que puede no darle la debida importancia. A pesar de lo que supone una angina o un infarto, en un pequeño número de casos no se presentan síntomas o éstos son muy ligeros y pasajeros. Además, los mismos síntomas también pueden ser debidos a otros procesos, por lo que es necesario que sean siempre valorados por un médico.
El paciente con angina de pecho presenta el dolor torácico frecuentemente relacionado con algún desencadenante, como puede ser el esfuerzo, físico o psíquico, el frío, estrés, nerviosismo, emociones o la actividad sexual. El dolor suele durar menos de 30 minutos y habitualmente se alivia en pocos minutos una vez ha desaparecido la causa desencadenante. En el infarto de miocardio el dolor suele persistir más de 30 minutos, muchas veces durante horas, ya que la causa del mismo es la obstrucción fija de una arteria coronaria por un trombo (coágulo de sangre). En algunos casos, la angina de pecho o el infarto de miocardio son causados por un espasmo de una arteria coronaria, independientemente de que existan o no placas de ateroma en la misma. Con frecuencia el infarto aparece sin un desencadenante claro, aunque pueden inducirlo los mismos factores que se mencionaron en la angina de pecho. Una vez pasada la fase aguda del infarto, la zona de miocardio muerto es sustituida por una cicatriz. Por ello, el tamaño del infarto va a condicionar significativamente la situación futura del funcionamiento cardiaco. Un infarto muy extenso puede dar lugar a un fallo crónico del corazón que se manifiesta como insuficiencia cardiaca.
Diagnóstico
El diagnóstico de la angina de pecho debe ser hecho por un cardiólogo, ya que requiere la utilización de técnicas especiales. De todas formas, cuando los síntomas son típicos, cualquier médico puede hacer el diagnóstico, aunque siempre se requerirá la consulta cardiológica posteriormente. La evaluación inicial suele hacerse mediante una historia clínica detallada, exploración física, analítica general, electrocardiograma y radiografía de tórax. Pero el diagnóstico más preciso suele requerir otras pruebas, como un ecocardiograma (ecografía del corazón) y una prueba de esfuerzo. En los pacientes de mayor riesgo puede estar indicada la realización de una coronariografía (cateterismo cardiaco para ver las arterias coronarias).
Cuando el dolor torácico es muy intenso, dura más de 30 minutos, es repetitivo o se acompaña de síntomas importantes, es obligatorio que el paciente acuda a un servicio de urgencias para descartar una angina inestable o un infarto de miocardio, los cuales requieren ingreso hospitalario y un tratamiento específico. El infarto de miocardio puede ser diagnosticado rápidamente con un electrocardiograma y confirmado con un análisis de sangre. La premura en acudir a un centro hospitalario es especialmente importante en caso de infarto de miocardio, ya que actualmente es posible disolver el coágulo que obstruye la arteria coronaria mediante una medicación especial (tratamiento trombolítico). Por ello, cada minuto de retraso en iniciar este tratamiento supone un mayor daño miocárdico irreversible.
Tratamiento
El tratamiento de la enfermedad coronaria debe ser siempre indicado y controlado por un cardiólogo, excepto en las situaciones de urgencia, en las que la mayoría de los médicos sabe qué medidas iniciales deben tomarse. El tratamiento de base de la enfermedad requiere la conjunción de unas actitudes higiénico-dietéticas con la terapia farmacológica. Debe abandonarse el tabaco y seguirse una serie de recomendaciones sobre dieta y ejercicio físico. Se aconseja evitar el exceso de peso y el estrés. Es obligatorio el estricto control de la tensión arterial y el colesterol sanguíneo.
Si el paciente sufre un episodio de dolor torácico, puede administrarse nitroglicerina sublingual y, si no está tomando aspirina y no tiene antecedentes importantes de ulcera o sangrado gástrico ni es alérgico a los salicilatos, puede tomarse aspirina (entre 160 y 325 mg) por vía oral. Si el dolor y los síntomas acompañantes no ceden rápidamente, lo más recomendable es acudir a un servicio de urgencias. Allí se podrá hacer en poco tiempo el diagnóstico de infarto de miocardio, lo que permitirá iniciar el tratamiento trombolítico y salvar así la máxima cantidad de músculo cardiaco. Además, se administrarán otras medicaciones para aliviar los síntomas, tranquilizar al paciente y disminuir el riesgo de complicaciones. El paciente suele ser ingresado en una unidad de cuidados intensivos coronarios, donde se vigilará la evolución del proceso. Así, si aparece alguna complicación, se tomarán las medidas terapéuticas necesarias inmediatamente. En los casos más graves podrán requerirse medidas más agresivas, como la realización de una angioplastia coronaria (dilatación de la obstrucción con un catéter-balón) o cirugía de by-pass (puentes de la aorta a la coronaria para saltar las obstrucciones).
Sea por una angina inestable o por un infarto, la estancia hospitalaria variará según la situación clínica. Los pacientes con rápida recuperación y sin complicaciones podrán salir de la unidad coronaria en pocos días y ser dados de alta al domicilio en 7 a 10 días. La movilización suele iniciarse pronto y en los primeros días de la estancia hospitalaria el paciente podrá comenzar a pasear. Durante el ingreso, los pacientes son sometidos a diferentes pruebas para valorar la importancia de la enfermedad. La estancia puede prolongarse si se produce alguna complicación, aunque no siempre esto supone una mayor gravedad. Algunos pacientes no requerirán más pruebas y podrán reiniciar progresivamente las actividades habituales que realizaba antes del ingreso. Otros, sin embargo, necesitarán una valoración más profunda mediante estudios radiológicos especiales o cateterismo. En cualquier caso, la finalidad de todo esto es, además de intentar prevenir complicaciones futuras, procurar que el paciente se reincorpore a su modo de vida previo, tanto en lo referente a su vida familiar como a su actividad física, sexual y laboral. La mayoría de los pacientes podrán estar realizando ya una actividad física moderada y mantener relaciones sexuales aproximadamente al mes de haber tenido el ataque cardiaco. La actividad laboral podrá reiniciarse a partir del segundo o tercer mes tras el alta hospitalaria.
Tras un ataque cardiaco, el paciente deberá tomar las debidas medidas preventivas, cambiando sus hábitos para adquirir un estilo de vida saludable. Se le recomendará que evite el frío o calor excesivos, así como la actividad física brusca, intensa o extenuante. Deberá mentalizarse para mantener un estado de ánimo positivo, buscando el apoyo de sus familiares y amigos y, si es necesario, de un psicólogo o psiquiatra. Deberá seguir las recomendaciones del cardiólogo quien, además, le indicará el tratamiento que debe recibir y le realizará periódicamente las exploraciones que considere oportunas.
La Insuficiencia Cardiaca
La Insuficiencia Cardiaca es un estado en el que el corazón no es capaz de aportar un abastecimiento adecuado de sangre para cubrir las necesidades metabólicas del organismo.
Puede desarrollarse rápidamente después de un daño específico del miocardio (músculo cardiaco), como un infarto agudo, o puede desarrollarse gradualmente en respuesta a un estrés prolongado, como la hipertensión.
Etiología:
Las causas habituales de la IC incluyen la hipertensión arterial, las valvulopatías, las cardiopatías congénitas, la enfermedad de las arterias coronarias y las enfermedades del miocardio. Las arritmias también pueden causar o bien agravar una insuficiencia cardiaca previa.
Las anomalías fisiológicas en la IC son la reducción del gasto cardiaco (volumen de sangre bombeado por el corazón en cada latido) y la elevación de la presión telediastólica de llenado ventricular. Cuando disminuye el gasto cardiaco, el corazón intenta compensar esta situación elevando la frecuencia cardiaca.
Un descenso del gasto cardiaco puede causar una disminución de la perfusión de los tejidos pudiendo afectar la capacidad cognitiva, el aporte miocárdico de oxígeno y la función renal. Cuando se produce una hipoperfusión renal provoca vasoconstricción y retención de agua y sodio. Aunque se trata de un mecanismo de compensación, el resultado final es un aumento del gasto cardiaco y un mayor compromiso de la función ventricular en un corazón ya colapsado.
Signos y síntomas:
Una manifestación aguda de la IC es el edema pulmonar. Esta es una situación que hace peligrar la vida. Se presenta acortamiento de la respiración, intranquilidad, ansiedad y aumento de la sudoración.
También puede presentarse ortopnea (alteración en la que una persona debe sentarse o ponerse de pie para poder respirar profundamente o con comodidad.), taquipnea (aumento de la frecuencia respiratoria), un esputo espumoso color rosado y cianosis.
Dependiendo también de que la IC sea derecha o izquierda variarán los signos y síntomas. En la primera se puede observar nauseas, anorexia, aumento de peso, ascitis y/o dolor en hipocondrio derecho; en la izquierda, debilidad, tos, taquipnea, ortopnea y/o diaforesis.
Pruebas diagnósticas:
Los resultados de laboratorio con alteraciones de los parámetros renales y hepáticos pueden ser secundarios a una disminución de la perfusión tisular o a una elevación de la presión venosa.
También en el ECG pueden observarse anomalías producidas por la cardiopatía existente.
El examen minucioso de la silueta cardiaca, la valoración del agrandamiento de las cavidades y la búsqueda de calcificaciones cardiacas aportan importantes indicios radiológicos acerca de la etiología de la anomalía cardiaca primaria.
Mediante la ecocardiografía se pueden detectar anomalías cardiacas existentes, así como las técnicas de eco Doppler y de Doppler que permiten valorar la presencia y el grado de insuficiencia y estenosis de las válvulas cardiacas.
Tratamiento:
La eliminación y el tratamiento inmediato de la causa subyacente son importantes para tratar la IC. Se tiende a mejorar el gasto cardiaco sin aumentar el trabajo del corazón.
Incluso en las situaciones más urgentes debe determinarse la causa de la IC, buscar las circunstancias corregibles y procurar la eliminación de los factores contribuyentes. Entre estos factores que deben buscarse y controlarse se incluyen la fiebre, el hipertiroidismo, las arritmias, la anemia, la ingesta excesiva de sal o de alcohol, la hipertensión, el aumento de la temperatura ambiente, la embolia pulmonar y la falta de cumplimiento del tratamiento.
Un tratamiento típico incluye la administración de oxígeno, un programa equilibrado de actividad y de reposo, tratamiento farmacológico y cirugía cuando esté indicada (sustitución valvular, comisurotomía o trasplante cardiaco).
El trasplante de corazón puede considerarse para las personas que tienen isquemia cardiaca terminal o cardiomiopatía.
La Insuficiencia Cardiaca
La insuficiencia cardiaca es la consecuencia de un fallo del funcionamiento normal del corazón. El corazón es un órgano que posee 4 cavidades (2 aurículas y 2 ventrículos) cuyas paredes están formadas por músculo (miocardio), el cual, al contraerse, expulsa la sangre hacia las arterias (pulmonar y aorta). La sangre así es distribuida por el organismo y vuelve al corazón a través de las venas (por un lado desde el pulmón y por otro desde el resto de los órganos).
En la sangre van los nutrientes y el oxígeno que necesitan los diferentes órganos y tejidos del cuerpo. La insuficiencia cardiaca se produce cuando, por cualquier motivo, el corazón es incapaz de expulsar hacia las arterias una cantidad suficiente de sangre para suplir las necesidades de nutrientes y oxígeno que necesita todo el organismo.
Además, como el corazón no es capaz de expulsar la cantidad de sangre que normalmente expulsa hacia las arterias, tampoco puede recoger toda la sangre que le llega desde las venas, por lo que ésta se acumula en los órganos y tejidos produciendo edema (acúmulo de líquido) en los mismos.
Causas
Las causas más frecuentes de la insuficiencia cardiaca son la disminución de la fuerza de contracción del músculo cardiaco y el mal funcionamiento de las válvulas del corazón.
El músculo del corazón puede verse deteriorado por varias enfermedades, como son el infarto de miocardio, las infecciones víricas y las afectaciones de causa desconocida denominadas “miocardiopatías”. En cualquiera de estos casos, se produce una lesión del músculo cardiaco que conduce a una disminución de su fuerza de contracció.Al disminuir la contractilidad miocárdica el corazón impulsa una menor cantidad de sangre hacia las arterias. En otras ocasiones, la insuficiencia cardiaca se produce como consecuencia de una anomalía en alguna de las válvulas del corazón, las cuales pueden volverse estrechas o no cerrarse suficientemente, haciendo que el funcionamiento normal del corazón no pueda llevarse a cabo.
Manifestaciones
Los síntomas de la insuficiencia cardiaca derivan, por un lado, del insuficiente aporte de sangre a todo el organismo y, por otro, del acúmulo de líquido en los distintos órganos y tejidos.
La disminución de la cantidad de sangre que llega a los tejidos produce, principalmente, fatiga o debilidad muscular. Por otro lado, el acúmulo de líquidos se produce, sobre todo, en los pulmones, hígado, abdomen y extremidades inferiores.
El acúmulo de líquido en los pulmones produce dificultad para respirar (disnea o falta de aire). Cuando la insuficiencia cardiaca es ligera, la falta de aire sólo se nota con los ejercicios. Sin embargo, cuando la insuficiencia cardiaca se hace más importante, la falta de aire comienza a observarse al acostarse o en reposo.
El acúmulo de líquido en el hígado hace que éste aumente de tamaño y puede dar lugar a molestias en la parte derecha del abdomen. El acúmulo de líquido en el mismo abdomen hace que éste aumente de tamaño y se distienda, apareciendo además con frecuencia molestias digestivas. El acúmulo de líquido en las extremidades inferiores da lugar a un hinchazón de las mismas, sobre todo de las piernas y pies.
Por otro lado, y dado que la retención de líquidos se produce principalmente durante el día, es frecuente que se elimine más líquido del cuerpo durante la noche, por lo que el paciente tiene que orinar frecuentemente durante las horas nocturnas. Por último, el paciente puede también notar otras molestias derivadas de la enfermedad que causa su insuficiencia cardiaca (como puede ser la angina de pecho) y de complicaciones de la misma (como palpitaciones en caso de arritmias).
Los síntomas que más frecuentemente refieren los pacientes con insuficiencia cardiaca son: falta de aire al hacer ejercicio, falta de aire al acostarse totalmente tumbado e hinchazón de pies y tobillos. Es también frecuente que refieran que deben levantarse a orinar muchas veces durante la noche. La debilidad muscular, la falta de aire en reposo y el edema severo en las extremidades inferiores y abdomen se observan en los casos más importantes de insuficiencia cardiaca.
Diagnóstico
El diagnóstico de la insuficiencia cardiaca puede hacerse simplemente observando los síntomas comentados. Sin embargo, dado que hay otras enfermedades que pueden producir manifestaciones similares, es conveniente realizar una serie de estudios para confirmar el diagnóstico. El médico deberá hacer una historia clínica y una exploración física inicialmente. Luego pedirá pruebas tales como un análisis de sangre, un electrocardiograma y una radiografía de tórax. Si todo esto sugiere que existe una enfermedad del corazón, se deberá realizar un ecocardiograma (ecografía del corazón), el cual permite ver las válvulas y cavidades cardiacas y la contractilidad del miocardio. En ocasiones se requieren otros tipos de estudios, como pueden ser pruebas radiológicas especiales, una prueba de esfuerzo e, incluso, un cateterismo cardiaco. Estas pruebas más específicas deberán ser indicadas por un cardiólogo.
Tratamiento.
El tratamiento de la insuficiencia cardiaca debe ser siempre indicado y controlado por un médico. Lo habitual es que un cardiólogo indique el tratamiento y haga unas revisiones periódicas, mientras que el médico de familia es el encargado de seguir al paciente más a menudo, enviándolo al cardiólogo cuando lo crea necesario. El tratamiento de la insuficiencia cardiaca requiere la aplicación de una serie de medidas generales y el seguimiento de una terapia farmacológica.
Se recomienda seguir una dieta pobre en sal, ya que ésta favorece la retención de líquidos en el cuerpo. Las bebidas alcohólicas están contraindicadas, pues pueden deteriorar la contractilidad miocárdica. En algunos pacientes, sin embargo, puede permitirse el consumo de un vaso de vino o una cerveza al día. Esto no es perjudicial en pacientes con cardiopatía isquémica (enfermedad coronaria). Es recomendable seguir una dieta cardiosaludable, en la que se incluya abundante fibra vegetal, para así evitar el estreñimiento y los esfuerzos al defecar. El tabaco debe estar totalmente prohibido pues, además de que favorece el desarrollo de arteriosclerosis, aumenta la tensión arterial y disminuye el aporte de oxígeno al corazón, lo que repercute desfavorablemente en el funcionamiento del corazón, agravando así la insuficiencia cardiaca.
Es aconsejable descansar suficientemente a lo largo del día. Por ello, es bueno acostarse pronto y levantarse tarde. Sin embargo, esto no debe ser excesivo, ya que el sedentarismo es también negativo. Se recomienda pasear todos los días unos 45-60 minutos. En todo caso, se debe consultar con el cardiólogo el tipo e intensidad de esfuerzo que se puede hacer. Algunos pacientes pueden llegar a realizar ejercicio físico ligero de forma regular. No es obligatorio dejar de trabajar si no se requieren esfuerzos importantes. Si la insuficiencia cardiaca es severa, los momentos de reposo deberán ser más largos y los ejercicios deberán reducirse; en estos casos el paciente habitualmente no podrá trabajar. Si el paciente refiere falta de aire al estar tumbado, puede dormir con la cabecera de la cama elevada o usando varias almohadas.
El paciente con insuficiencia cardiaca deberá tomar diariamente una serie de medicamentos, los cuales serán indicados por el cardiólogo. Entre estos medicamentos destacan los diuréticos, que son fármacos que aumentan el volumen de orina, lo que permite disminuir el acúmulo de líquido en el organismo. Por ello, el paciente notará que orina más de lo habitual al tomar un diurético. También recibirá medicamentos vasodilatadores, los cuales mejoran el rendimiento del corazón. Debido a ello, es posible que la tensión arterial disminuya y se encuentre en unos valores por debajo de lo normal. Pueden requerirse otros medicamentos, tales como digoxina, nitratos, aspirina o anticoagulantes. Siempre deberán ser indicados por el cardiólogo, quien podrá explicar los posibles efectos secundarios a tener en cuenta. Todo esto es habitual durante el tratamiento del paciente con insuficiencia cardiaca, pero el cardiólogo deberá controlarlo regularmente y realizará los cambios oportunos en la medicación.
El tratamiento farmacológico permite disminuir los síntomas y prolongar la supervivencia de los pacientes con insuficiencia cardiaca, por lo que los medicamentos deben tomarse regularmente según las indicaciones del cardiólogo. Habitualmente, la insuficiencia cardiaca no se cura, por lo que los medicamentos deberán tomarse para siempre. El abandono de la medicación suele seguirse de un empeoramiento de la insuficiencia cardiaca, por lo que no se recomienda dejar el tratamiento a menos que lo indique un médico.

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